La violencia y la inseguridad que hoy arropan a la República Dominicana no son un accidente. Son el resultado de años de abandono, complicidad e irresponsabilidad colectiva.

Mientras la Fuerza de Tarea Conjunta celebra una tasa de homicidios de 7.34 por cada 100,000 habitantes al 18 de septiembre de 2026, inferior al 13.20 de 2022, la realidad en los barrios cuenta otra historia. Solo en septiembre se contabilizaron 27 muertos en intervenciones policiales, con un acumulado extraoficial de 180 en el año, 2,480 robos en una sola semana y una racha de feminicidios que enluta a la nación. El 48% de las muertes violentas del año pasado fueron por conflictos de convivencia. Nos estamos matando entre nosotros.

Los últimos asaltos, muchos terminados en crímenes brutales, tienen un protagonista que duele admitir: jóvenes de 15 a 25 años liderando bandas. No nacieron delincuentes. Los hicimos.

El asesinato de Esmeralda, esposa del artista Oro Duro, es el espejo roto de esta tragedia. Cuando la violencia toca a los famosos entendemos que nadie está a salvo, pero ¿cuántas Esmeraldas anónimas mueren sin cámaras ni titulares?

Los responsables

  1. La familia: Padres ausentes que normalizan que el hijo llegue con dinero sin trabajar. El silencio paterno es complicidad.
  2. La sociedad deteriorada y la religión silenciada: Iglesias llenas los domingos, vacías de valores los lunes. Ya no forman, solo entretienen.
  3. Medios e influencers: Venden el espejismo de la vida fácil. El joven no quiere ser técnico ni profesional, quiere ser «la para», vestir lujo sin esfuerzo. Los medios, por views, normalizan lo vulgar.
  4. Gobierno y políticos: ¿Qué están esperando para actuar con responsabilidad? Prometen mano dura en campaña y pactan con el desorden por votos. Mientras la Policía mató 146 jóvenes en seis meses, ningún corrupto de cuello blanco ha recibido condena firme. Para el pobre, plomo. Para el político ladrón, impunidad.

El régimen de consecuencias es una burla. Se delinque porque sale barato.

La voz de la diáspora

Los dominicanos que vivimos fuera amamos esta patria con devoción. No nos conformamos con que el jefe de la Policía o el Presidente hagan una rueda de prensa para informar que «ya identificaron» a los que cometieron un crimen. Eso no es eficiencia, es teatro.

Queremos eficacia real: ¿Cuántos empleos crearon? ¿Cuántos institutos politécnicos inauguraron para oficios de corta duración? ¿Cuántas canchas construyeron? ¿A cuántos jóvenes sacaríamos de las calles con el dinero que se roban los funcionarios? Eso sí es ser un gobierno eficiente y eso sí crea un país seguro.

Exigimos que los corruptos paguen con cárcel y devuelvan lo robado. Cada peso robado es una escuela no construida, un joven perdido.

No podemos seguir apáticos ante este deterioro. ¿Hacia dónde conducen al pueblo dominicano? Nos condenan a un exilio permanente por su irresponsabilidad.

¡Basta ya! No permitan que las calles de la patria de Duarte, Sánchez y Mella se sigan desangrando.

La seguridad no se informa, se construye.

Fresa Torres

Por Fresa Torres

Periodista con mas de 30 años de experiencia.